Nativa by Eduardo Acevedo Díaz — Read

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Denominábase así una estancia situada sobre la margen del río Santa Lucía, hacia sus primeros afluentes; considerada entonces por sus numerosos ganados vacuno y yeguarizo como uno de los mejores establecimientos de campo. Pertenecía al hacendado don Luciano Robledo, criollo opulento y bien querido, sin que esto hubiera sido parte a que en las pasadas guerras, se le hubiese respetado en sus intereses en la medida del aprecio y buena fama de que gozaba.

El casco, "tronco" o casa principal se componía de un rancho de techo de paja brava, "cumbrera" y costaneras de "lapachillo" y "sauce negro", "tijeras" de quebracho, paredes de "cebato" o quincha con entretejidos de ramas de "ñangapiré"; dos ventanillas a la parte del oriente de alfeizares adornadas con macetas de rosas y claveles, puertas bajas y estrechas, pero de buenos cerrojos; y tres habitaciones -dos dormitorios a los costados y en el centro el comedor, sin otro solado que la costra dura y seca, con buen nivel. Paralelo a éste se levantaba a pocos metros otro rancho de dos piezas para peones, una enramada y cocina. Como adherencia, un horno pequeño también de "cebato". En la cocina, durante las primeras horas de la noche, ardían dos candiles, que unidos a las luces del comedor formaban una buena "luminaria", según el capataz. Las de la cocina consistían en dos cucharones ya inválidos llenos de sebo, con dos mechas de trapo por pabilos o núcleos de combustión, cuyos cucharones reposaban en dos marcas de hierro inservibles a su vez, clavadas por los mangos en el suelo a poca distancia del fogón. Extinguida esta "luminaria", quedaba el fuego alimentado por grandes ramas, de manera que en las altas horas, y aun cuando en parte las cubriesen las cenizas, enormes brasas reflejaban al exterior su rojiza lumbre, y servían para una nueva hoguera al despuntar la aurora. En medio del patio formado por los dos compartimientos, se veía el barril de agua sobre su rastra, y en desorden algunos arbolillos, enredaderas agrestes, plantas de saúco, recios higuerones y hermosos laureles. Notábase asco en el conjunto. El piso de tierra dura, limpio de yerbas, tanto en el patio como en las veredas cubiertas en parte por los aleros, se extendía plano por los contornos hasta la entrada de una pequeña huerta llena de legumbres, tronchudas hortalizas, albahacas, matas de sandías y gramíneas en grupo hinchadas de espigas.

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