Explore "Los tres sorianitos" by José Ortega Munilla on Textopian. Read with annotations and highlights.
Calculaba Otaduy que pronto se verificaría una embestida de la indiada. Desde el fortín veía en la noche lejano fuego en toda la redondez del campo. Eran, ciertamente, las hogueras de los asediantes. No podía imaginar el policiaco argentino, cuándo llegarían las tropas, suponiendo que Felipe del Estero no hubiera sido detenido o asesinado en su heroico empeño de comunicar a las autoridades de Resistencia lo que ocurría. Procediose al examen de los víveres. Consistían éstos en tres piernas de buey, asadas, en media docena de pollos, en unos treinta huevos de gallina, en seis panes de a kilo y en unas cuantas frutas y legumbres. Aunque Otaduy invocaba a los niños de Cerdera para que comiesen poco, la actividad en que vivían les excitaba el apetito. Comprendía también el jefe del reducto, que si aquellos, sus únicos soldados, carecían de vigor para la lucha, les invadiría el desánimo, porque tripas llevan pies. Y aún hay una frase más expresiva sobre esta relación de lo físico y lo moral. El duque de Ahumada, nuestro insigne caudillo lontano, dijo: «Buen rancho, buen soldado; carne abundante y vino que sobre, heroicidad en las luchas»…
El pamplonés argentinizado, no había de oponer trabas a la famélica condición de los herederos de Lanceote.