Explore "Gil Gómez el insurgente" by Juan Díaz Covarrubias on Textopian. Read with annotations and highlights.
Un rayo fue para el virrey Venegas la noticia de la insurrección de Hidalgo. Conoció desde luego que aquel grito de libertad, lanzado desde el rincón de un pueblo miserable por un modesto párroco, había encontrado un eco de música en todos los corazones de los buenos mexicanos. Hombre previsor y acostumbrado a conocer a primera vista las grandes catástrofes políticas por sólo sus anuncios, comprendió que estaba perdido completamente, porque la debilidad o la crueldad de sus predecesores en el virreinato, habían preparado aquellos sucesos, que tarde o temprano debían ser coronados del éxito deseado. Pero si Venegas valía poco como general, no sucedía lo mismo como hombre político. Contaba por otra parte, en su apoyo, con la costumbre de la dominación y los lazos de familia que unían con dulces vínculos a una gran parte de españoles y americanos, con el influjo del clero y las clases privilegiadas, y en fin, con el mismo sublime atrevimiento de aquella empresa gigantesca de Hidalgo.
De manera, que comprendiendo que la actividad podría tal vez conjurar aquella terrible tempestad que rugía sordamente en lontananza, amenazando destruirlo todo en su justo enojo tanto tiempo comprimido, determinó luchar hasta el último momento no perdonando medio de ninguna clase para conseguir su fin.