Explore "Jeromín" by Luis Coloma on Textopian. Read with annotations and highlights.
Una vez decidida y fijada la marcha de Don Juan, pensó éste, lo primero, en despedirse de doña Magdalena de Ulloa. Ni los años, ni los naturales deslumbramientos del triunfo y de la gloria, ni las sombrías nieblas que, por el contrario, traen consigo la desilusión y el desencanto, lograron nunca amortiguar en Don Juan su tierno amor a doña Magdalena; allá, en lo más hondo y noble de su corazón, junto a la fe religiosa que tan fecunda y pujante arraigó en su alma en Villagarcía, y la lealtad caballeresca, intransigente y robusta, aprendida en don Luis Quijada, y la caridad activa y práctica inculcada por la misma Ulloa, vivió siempre como cimiento casi de éste, por decirlo así, alcázar y fortaleza de su grande alma, el cariño a doña Magdalena, a su tía, tierno, confiado, respetuoso, verdadero resto del Jeromín antiguo que pasó al Don Juan que llenaba el mundo con su fama y vivió y floreció siempre en él como vive y florece eternamente en todo pecho leal la fragante flor del agradecimiento.
Hacía Don Juan verdadero alarde de su amor y gratitud a doña Magdalena de Ulloa, y en cuantos documentos de él quedan brotan estos alardes tan espontáneos y naturales como brota el manantial puro y cristalino por la primera rendija que le ofrece salida. Escribía Don Juan al marqués de Sarri poco después del triunfo de Lepanto: «De que a mi tía le aya cabido tanta parte de contentamiento como mostró de la buena nueva, soy yo bien cierto, pues an de ser comunes nuestras buenas fortunas, no haviendo hijo que más deva a su madre de lo que yo devo a ella.» Y algún tiempo después escribíale también a Jacobo Boncompagni, hijo de Gregorio XIII, recomendándole por medio de Carlos Sanz un asunto de doña Magdalena: «Ninguna cosa me toca desear tanto por nadie como lo que dirá a vuestra señoría Carlos Sanz por una señora a quien tengo por madre propiamente, pues fue quien me crió muchos años en su casa, y ansí pido a vuestra señoría con mayores veras que podría encarecer tome por tan propia esta causa como en efecto lo es mía, pues lo es tanto como la que más pueda tocarme. Y ansí me haga gracia de decirlo a Su Sanctidad para que entienda la merced que me hará en lo que pido, y la que rescibiré de vuestra señoría en procurarlo y avisarme con toda brevedad de la que me habrá hecho.»