Jeromín by Luis Coloma — Read

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En 1534, el pirata turco Barbarroja se apoderó por traición y engaño del reino de Túnez, y se hizo rey de aquellos moros berberiscos, destronando a Muley-Hacem, su señor natural y legítimo. Escribió éste desde el fondo de la Arabia, donde se había refugiado, al emperador Carlos V, pidiéndole auxilio contra el Turco, y entonces fue cuando el emperador emprendió aquella gloriosa jornada de Túnez que forma una de las más brillantes páginas de su historia. Muley-Hacem quedó restituido en su trono. Barbarroja y los turcos, expulsados ignominiosamente de Túnez, y el fuerte de la Goleta, que es llave de todo aquel reino, quedó en poder de los españoles como garantía contra turcos y berberiscos, pues, amigos o adversarios, eran todos igualmente bárbaros y enemigos del nombre cristiano.

Tenía este Muley-Hacem dos hijos, Muley-Hamida y Muley-Hamet: receloso el primogénito, que era Hamida, de que su padre (Muley-Hacem) favoreciese al segundo hijo, dejándole la corona, alzose en armas contra él y le arrojó del trono, arrancándole bárbaramente los ojos. Aterrado el segundo hijo, Muley-Hamet, huyose a Palermo bajo la salvaguardia del rey de España, y triunfante entonces Hamida, negose a pagar el tributo concertado entre Carlos V y su padre, y púsose bajo la protección de Selim II, rindiéndole vasallaje. Y de aquí vino el castigo de su culpa: porque Aluch-Alí el Tiñoso, que era entonces virrey de Argel, invadió todo el reino con sus turcos en nombre de Selim, y, so pretexto de ampararlo, lo sujetó con mano férrea a su tiranía de reyezuelo y a sus rapiñas de pirata renegado. Tal era el estado del reino de Túnez cuando Don Juan de Austria recibió orden de su hermano de conquistarlo y colocar en el trono a Muley-Hamet, fugitivo todavía en Palermo, bajo las mismas condiciones que se lo había restituido a su padre, Muley-Hacem, el emperador Carlos V.

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