Explore "Jeromín" by Luis Coloma on Textopian. Read with annotations and highlights.
Rehizo Don Juan su ejército durante aquellos días que acampó en Canilles, y cayó de nuevo sobre Serón con tan grande ímpetu y buena fortuna, que no pudieron los moros hacer otra cosa sino huir, incendiando antes la población y el castillo. Entró luego en Tíjola, Purchena, Cantoria y Tahalí, y siguió bordeando el río Almanzora de triunfo en triunfo con tal pavor de los moros, que al solo anuncio de su llegada huían sin tino, abandonándole sin resistencia lugares y fortalezas, lo cual no sólo era debido al gran renombre y valor y energía adquiridos por Don Juan, sino debíase también a que aquel mozo de veintitrés años era ya de aquellos valientes y honrados caudillos que sólo hacen la guerra para llegar a la paz y mientras espantan, por un lado, al enemigo con el estruendo de sus victorias, tiéndenle, por otro, la mano en secreto para llegar a un acuerdo justo que economice la sangre, aunque pierda su gloria algunos rayos de relumbrón.
Tiempo hacía que Don Juan meditaba un acuerdo con los moriscos, y en el mayor secreto habíalo encomendado al capitán Francisco Molina, amigo desde la niñez de Hernando el Habaquí, caudillo de los moros en aquella tierra. Avistáronse, pues, con gran disimulo los dos antiguos amigos, y no desagradó al Habaquí la propuesta: era hombre muy discreto, y contra lo que solían ser los de su raza, leal y franco. Discutiéronse las condiciones, y convencido al cabo el Habaquí, prometió hacer todo lo posible para traer al reyezuelo Aben-Abóo al acuerdo. No fió tanto Don Juan de estos tratos que se decidiese a suspender las operaciones de guerra, sino que la siguió, por el contrario, cruda y sangrienta por Terque, el río Almanzora y los Padules de Andarax. Mas al llegar a Santafé el 17 de abril, andaban ya tan adelantadas las negociaciones, que se decidió a publicar un bando preparando la reducción, cuyos principales artículos eran los siguientes: