Explore "El fistol del diablo" by Manuel Payno on Textopian. Read with annotations and highlights.
A los dos días, y previo el aviso de estilo, don Francisco volvió a escalar el balcón: el lenguaje apasionado de éste; el respeto y delicadeza con que se había manifestado, sin atreverse ni a tocar la mano de Aurora, y el misterio de que estaban rodeados estos amores, interesaron sobremanera el corazón y curiosidad de ésta; de suerte que, venciendo los escrúpulos que le suscitaba su conciencia, y tomando cuantas precauciones inventan las mujeres en esas ocasiones, se resolvió a recibir a aquel a quien, si no podía llamar aún su amante, lo creía ya en vísperas de serlo.
En la segunda entrevista, don Francisco mostró el mismo respeto que en la primera; y mezclando algunos conceptos apasionados y vehementes, procuró ridiculizar a las mujeres que se confiesan y comulgan cada ocho días, por supuesto con tanta delicadeza y tino, que Aurora se sonrió, lejos de que se alarmara en lo más mínimo. Al despedirse, don Francisco, haciendo el joven tímido e inexperto, tendió la mano a la joven, y ésta, con una franqueza propia de la inocencia, no tuvo embarazo en estrechársela, recomendándole con encarecimiento, mucho cuidado al bajar.