Explore "Los bandidos de Río Frío" by Manuel Payno on Textopian. Read with annotations and highlights.
El cielo vio abierto la viejecita trapera con el arreglo que hizo el canónigo. ¡Qué poco se necesita para la felicidad de ciertas personas! Desde el momento en que Nastasita se encontró al niño, cambió su vida; tuvo ya una ocupación, un objeto, un cariño que hiciera latir un poco su arrugado corazón, y recordaba con tristeza y hasta con horror los once años que estuvo metida en la negra covacha, esperando que los inquilinos entrasen después de acabado el Teatro Principal, para abrirles la puerta, y el resto del tiempo ociosa, triste, sola, crujida con el frío y la humedad del agujero donde tenía que estar metida por sólo mal comer.
Los ocho pesos del canónigo constituían un tesoro inagotable y la instalación en la atolería no fue difícil ni costosa.