Explore "Los bandidos de Río Frío" by Manuel Payno on Textopian. Read with annotations and highlights.
La gran fortuna de Evaristo fue que le tocase ser juzgado por un gobernador de ideas liberales; de otra suerte se habría, en efecto, podrido en la cárcel, como se lo había sentenciado el noble don Carloto.
Llegaron a la garita antes de que se cerrase; a riesgo de ser robados y asesinados se aventuraron a atravesar, en medio de una noche oscurísima, la larga calzada de San Ángel, y a poco después los dos estaban ya tranquilos, contando y comentando las aventuras en su retirada casita.