Los bandidos de Río Frío coverCAPÍTULO 23
CAPÍTULO 23

PARTE II

Panzacola

CAPÍTULO 23Visible text2 paragraphs
Parecerán increíbles las escenas que acabamos de describir; pero lejos de eso, son de la más rigurosa exactitud. México es un país singular como no hay otro. Mientras en una población reina la peste y es destrozada por esa gente nómada que circula a pie y a caballo por el país, sin oficio ni beneficio y en busca de ocasiones para habilitarse, en otra, muy poco distante, se disfruta de una paz y de una seguridad completa. Llega el jefe de tropa a un rancho, hacienda o pueblo pequeño, dispone de la fortuna y aun de la vida de los habitantes, se hace servir por los alcaldes y regidores como si fuesen sus criados, se apodera de los caballos y a veces de las más bonitas muchachas, y se marcha dejando a los habitantes en la más grande consternación, a la vez que otro jefe, que camina por otro rumbo, se encuentra sin tener ni quien le proporcione una gallina; tiene precisión de pagar todo a precio de oro; deja en ese pueblo cuanto dinero tiene en caja, y sale a toda prisa para no ser víctima de la hostilidad de las gentes que lo habitan, que favorecen la deserción de la tropa, se hacen pagar muy caro los más insignificantes auxilios, le roban los caballos y mulas, y lo extravían en su ruta. Esto, que parece no común, se repite frecuentemente; y Baninelli, que ha visto de todo, ha tenido a veces esas contrariedades, no obstante su carácter enérgico y poco sufrido.
Pero donde se pueden marcar bien tales contrastes es en la capital misma. Llegada la temporada de San Ángel, ya no se piensa en otra cosa.