CAPÍTULO 24
PARTE II
Caprichos de la fortuna
CAPÍTULO 24Visible text2 paragraphs
Relumbrón y El Emperador durmieron como unos bienaventurados. El uno tenía proyectos colosales para triplicar en pocos meses la suma que había ganado; el otro jamás había visto tanto oro junto, aunque no fuese todo de él, y se proponía, con lo que le había tocado, comprar una carretela y un buen tronco de mulas para que doña Pascuala, que, aunque aliviada, experimentaba alguna dificultad para andar, pudiese desde el rancho ir los domingos a la misa del cura de Tlalnepantla y, en caso ofrecido, hiciera un viajecito de recreo a México, donde hacía años que no ponía los pies.
Baninelli durmió mal. En unas cuantas horas su compañero, el coronel Relumbrón, que no habla ni olido la pólvora, era dueño de una fortuna bastante para hacer la felicidad de una familia, mientras él, que había consumido su juventud en los caminos y en los cuarteles y con el cuerpo lleno de heridas, no tenía por todo capital más que doscientos pesos y cinco a seis mil que le debía la Comisaría General y que probablemente no le pagaría nunca. Él jugó una vez y perdió. ¿Por qué este capricho de la fortuna? Él, a fuerza de años y de campañas, una tras otra, había ganado sus ascensos, mientras Relumbrón sentó plaza de capitán, sin saberse cómo, y de la noche a la mañana subió a coronel, con el grado de general de brigada. ¿Qué razón para justificar este otro capricho de la fortuna? Estas comparaciones, que no podía menos que hacer mirando desde su cama el montón de oro que había quedado en la noche sobre la mesa, lo hacían desgraciado y lo ponían de un humor de todos los diablos, viniéndole también a su memoria las miserias y las penas que acababa de sufrir en la última desgraciada campaña; pero, en compensación, algo sentía en su interior que le decía que él, pobre y simple coronel, pues había rehusado el grado de general porque el Presidente consintiera en hacer capitán al cabo Franco, era muy superior y valía mucho más que el ridículo y hasta cierto punto misterioso personaje que había sido el vencedor en el juego del contratista de vestuario.
