CAPÍTULO 34
PARTE II
La feria de San Juan de los Lagos
CAPÍTULO 34Visible text2 paragraphs
La moreliana acudió inmediatamente al llamado del platero, el cual le manifestó con muy buenas razones la necesidad de ayudar al hijo, que tan bien se le había logrado que ya era un coronel que trataba con lo más florido de la sociedad mexicana y que estaba comprometido en negocios de alto interés que debían darle unas utilidades fabulosas y tan seguras, como si ya tuviese el dinero en caja. Se guardó muy bien de explicarle qué clase de negocios eran, pues a haberlo hecho así, la moreliana, tan rígida, tan ferviente cristiana y que nunca había entrado en transacciones con su conciencia, como el platero, se habría escandalizado y cortado para siempre sus relaciones y negado todo auxilio al hijo que se proponía seguir el torcido y peligroso camino. Combinando de este modo y del otro los dos antiguos amantes la manera de sacar avante a su hijo, cuyo talento y buenas prendas no se cansaban de elogiar, reunieron una fuerte cantidad para tenerla a disposición del hombre de negocios, a medida que la fuese necesitando.
La moreliana, que casi nada gastaba en su persona y que lograba buenas cosechas en sus ranchos, lejos de poner dificultades, le dio mucho gusto el poder hacer uso del dinero que tenía reunido y enterrado por miedo de ser robada, no obstante que en la comarca donde ella vivía se disfrutaba de la más grande seguridad.
