Los bandidos de Río Frío coverCAPÍTULO 38
CAPÍTULO 38

PARTE II

Fin de la feria

CAPÍTULO 38Visible text2 paragraphs
La última noche de la feria fue más que toledana, y se puede afirmar que ninguno durmió. Antes de las ocho de la mañana, ya los puntos que perdieron sus onzas de oro la noche anterior, habían pagado con toda puntualidad, como de costumbre, sus cajas en oro o en buenas libranzas sobre Guadalajara y México. Don Moisés, envuelto en una capa redonda con un gran cuello de nutria, daba sus órdenes en el portal de la casa para que se cargasen con cuidado todos los triques que había traído de la capital; el coche con ocho mulas estaba listo, y a poco, dejando abierta y completamente vacía la casa, él sus satélites colocaban con mucho cuidado el arca de la alianza (que pesaba arrobas) envuelta en un jorongo del Saltillo, en el centro del coche. Los cocheros tomaron el látigo, las mulas se encabritaron, y el carruaje bajó como un rayo la pequeña colina que conducía al camino real, seguido de diez mocetones bien montados y armados, que eran los de más confianza de la banda de nuestros conocidos de Tepetlaxtoc.
Relumbrón no quitó su casa sino dos días después, y apenas le bastaron para los diversos negocios que tenía que dejar arreglados antes de regresar a México.