Los bandidos de Río Frío coverCAPÍTULO 40
CAPÍTULO 40

PARTE II

Las cinco mulas cambujas

CAPÍTULO 40Visible text2 paragraphs
Costó mucho trabajo a Relumbrón que el licenciado Chupita aceptara el cargo del molino de Perote. Se resistía a lanzarse de lleno en una carrera de perdición; pero no hubo remedio. Por una parte, tenía que sostener el lujo de su mujer, y los negocios de su bufete no le daban lo bastante, y, por otra, el coronel lo puso entre la espada y la pared. O aceptaba el empleo con todas sus consecuencias, o las libranzas falsas pasaban a las manos de un agente de negocios.
El licenciado Chupita pidió tres días para arreglar sus negocios; dijo a su mujer y a don Pedro Martín que había admitido el cargo de administrador de la hacienda de Arroyo Prieto, celebrando una especie de compañía con el coronel, en la que tenía, además de un sueldo fijo, el veinticinco por ciento de las utilidades. Don Pedro Martín, que vivía en eterna discordia con su hermana por causa de su lujo y de su conducta un poco libre, aprobó la resolución y le aconsejó que se llevase a Clara; pero ésta resistió, lo que agradó a Chupita, pues era imposible ponerla al tanto del secreto, ni Relumbrón lo hubiese consentido, aun cuando la mundana señora se hubiese resignado a enterrarse en un desierto. Quedó contenta con una mesada de doscientos cincuenta pesos, y así quedaron arreglados los asuntos de familia.