CAPÍTULO 42
PARTE II
Prosperidad de los negocios de «Relumbrón»
CAPÍTULO 42Visible text2 paragraphs
Prosperidad de los negocios de Relumbrón
Nada tan completo y tan perfecto como la casa de moneda del Molino de Perote. Volantes poderosos, máquina de acordonar, un par de hornos para la fundición, crisoles para la plata y para la liga; en una palabra, cuanto era necesario en pequeña escala para que medallas y monedas pudieran ser acuñadas con perfección. Relumbrón y el licenciado Chupita quedaron maravillados. Se comenzó el trabajo con la acuñación de quinientas medallas de plata de la Virgen de Guadalupe, del tamaño de un peso, y con el título de la moneda, para que pudiesen ser reconocidas y quintadas en la Casa de Moneda de México. Esto proporcionaba la más completa seguridad para la acuñación de la moneda falsa. El platero mismo llevaría las medallas, antes de entregarlas a los canónigos, a la Casa de Moneda, sin tener que ocultar que para esta industria legal tenía los aparatos necesarios, y en caso de una denuncia y de una visita de la justicia, no encontrarían en el molino más que medallas de vírgenes y de santos, y esto, en vez de ser un crimen, aparecía como una industria piadosa. Había en el edificio escondrijos de tal manera disimulados para ocultar la moneda falsa, que escaparía al más minucioso registro. Con esto y con la cómoda y hasta lujosa habitación destinada al director, la frescura y belleza del sitio y el hallarse lejos de su mujer, el licenciado Chupita tomó con verdadero placer posesión de su empleo y se creyó el hombre más feliz de la tierra. No pudo menos de reconocer y manifestar hasta con palabras tiernas, que Relumbrón era su doble salvador y le debía, primero, la honra, y en estos momentos la quietud y la felicidad para el resto de sus días.
