Los bandidos de Río Frío coverCAPÍTULO 58
CAPÍTULO 58

PARTE II

Don Pedro, mártir de su deber

CAPÍTULO 58Visible text2 paragraphs
Era necesario hacer el inventario y asegurar los considerables valores que en oro, plata y piedras preciosas existían en el taller y en la casa del platero; así, su cadáver no podía permanecer allí ni un momento más. El juez dispuso que fuese llevado provisionalmente al Hospital de San Andrés. Los oficiales de la platería quisieron salir, el agente del juzgado lo impidió y todo esto hizo que se fuese reuniendo gente, se formó escándalo y con esto acabó el secreto riguroso que hasta entonces se había guardado. El juez tuvo necesidad de mandar a un cuartel por fuerza armada que despejara la calle y guardase las esquinas, y pudo ya entonces dedicarse a practicar las diligencias que, como se debe suponer, fueron largas, y a recoger la colección maravillosa de diamantes, rubíes, zafiros y esmeraldas, además de multitud de alhajas, entre ellas un fistol hecho con la exquisita perla del marqués de Valle Alegre, que Mariana aceptó con tanta indiferencia y que se hallaba entre las alhajas que fueron robadas por el vengativo cochero José Gordillo. La platería fue cerrada y de pronto enviados a la cárcel los oficiales.
La causa se proseguía con la mayor actividad habilitando horas, y el juez apenas tenía tiempo para comer un bocado y dormir tres o cuatro horas en la noche. La ciudad toda era presa de una curiosidad y de una excitación tal, que no se hablaba de otra cosa, especialmente porque el frustrado casamiento del marqués de Valle Alegre se mezclaba de una manera especial en este inesperado acontecimiento.