CAPÍTULO 63
PARTE II
Cosas de otro tiempo
CAPÍTULO 63Visible text2 paragraphs
Comencé esta novela en las orillas del borrascoso mar Cantábrico, mirando desde mis ventanas salir las barcas de los pescadores en las noches serenas y apacibles, con el cielo limpio y las estrellas radiantes, y volver en días en que amenazantes nubes venían del horizonte como a sorber las pequeñas embarcaciones que desaparecían por momentos entre la verdosa espuma de las olas, y con el esfuerzo de vigorosos remeros, entraban en el puerto llenas del agua de la mar y de peces plateados, moviéndose todavía y queriendo saltar de los canastos y de volver al líquido elemento de donde habían sido sacados.
Así, saliendo como del fondo de las aguas, iban apareciendo y llegando las barcas y los pescadores acostumbrados a la mar, a los vientos y a las sorpresas espantosas del golfo turbulento de Gascuña, desembarcaban, mojados de la cabeza a los pies, rendidos de fatiga; pero como encontraban en la playa a sus mujeres, a sus madres y a sus hijos, reían, hablaban contentos, abrazaban a sus deudos y besaban y tomaban en sus brazos a sus chicos, robustos, fuertes y, como ellos, con los colores de la salud en las mejillas.
