CAPÍTULO 62
PARTE II
Ironías de la vida
CAPÍTULO 62Visible text2 paragraphs
Mientras Relumbrón, Evaristo, Hilario, el tuerto Cirilo y socios marchaban lentamente por las calles de México hasta llegar al lugar donde debían ser ejecutados, y la moreliana era conducida al hospital, una alegre caravana entraba en el pintoresco pueblo de Ameca.
Moctezuma III había sido nombrado jefe de una especie de zona militar, compuesta de Ameca, Chalco y Texcoco, y estaban también a su mando las escoltas del camino de Río Frío, formadas de valientes dragones bien montados, que hacían su servicio conforme a ordenanza y no recibían de los viajeros ninguna gratificación. El primer cuidado de Moctezuma, como se debe suponer, fue tomar posesión de sus fincas, autorizado por la orden del Ministerio de Hacienda, que Lamparilla le entregó. No se dejó, siendo un muchacho tan listo y entendido, engañar de su abogado. Le consiguió, en pago de sus servicios, el magnífico rancho de Tomacoco, y él, doña Pascuala y Espiridión, que consideraba como si fuesen de su familia, quedaron dueños y señores de los bienes.
