Explore "Amadeo I" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Momentos después, mi Tita y yo, por virtud del poder milagroso que llevábamos en nuestras almas, nos convertíamos en gatitos diminutos y recorríamos, con jugueteo y brincos invisibles, la Saleta, la Antecámara y Cámara, y otras regias estancias. Un hado benéfico, protector de nuestro sagaz espionaje, nos permitió ver el solemne desfile que era fin y principio, engarce o eslabón entre dos interesantes etapas históricas. Delante iban damas y palaciegos rodeando a las servidoras que conducían a los dos niños mayores, Manuel Filiberto, ex-Príncipe de Asturias, de cuatro años de edad, y Víctor Manuel, de tres años y dos meses. Seguía el ama que llevaba en brazos al ex infante Luis Amadeo Fernando, nacido en Madrid el 29 de Enero: su edad, catorce días. En torno a esta criatura se agrupaban los Marqueses de Dragonetti y otras personas de alta jerarquía, italianas y españolas. Detrás iba don Amadeo grave y sereno, sin expresar pena ni alegría, vestido de viaje. La corona y atributos monárquicos se habían quedado en el suelo del Despacho del Rey, al pie del retrato de María Luisa.
Daba el brazo el Monarca dimisionario a su digna y santa esposa, doña María Victoria, envuelta en pieles. No se le veía más que el rostro pálido, con marcadas huellas de dolencia reciente. No parecía pesarosa de abandonar la colosal vivienda que fue para ella lugar de ansiedad y martirio. A los que fueron sus servidores despedía con sonrisa graciosa y afable. Creímos que les decía: "No me llevo más que lo mío, marido y mis hijos. Os dejo todo lo vuestro, una corona que no ambicioné y un título de Reina que no fue para mí más que una palabra vana".