Explore "La calandria" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
Esperando que llegara la noche, inquieta, impaciente, distraída, nerviosa como nunca, sin darse cuenta de nada, presa de contrarios deseos, pasó Carmen el día.
A la siesta, según costumbre, doña Mercedes se retiró a dormir; Angelito, aprovechándose de la ausencia del cura, salió a vagar con sus amigos por las orillas del riachuelo, en busca de mayates, muy abundantes ya en los guayabales, y señora Eusebia, acabadas las faenas culinarias, se sentó a coser en el corredor. Carmen permaneció en la sala. Aquella cabecita era una devanadera; el pensamiento, instable como la fronda que en lo alto de la rama lucha solitaria con el viento, iba de un lado para otro, tornaba y volvía sin descansar en nada. La joven para aquietar su espíritu buscó un periódico. A poco rato le arrojó, fastidiada de no poder fijar la atención en lo que leía. Levantóse, fue a traer un libro de la recámara del padre, y sucedió lo mismo.