Explore "La calandria" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
Rosas y Muérdago pasaron el resto de la tarde trincando con el secretario y el maestro en la casa municipal de Xochiapan. Al oscurecer entraban en Pluviosilla.
-Chico -decía Pepe-, hicimos el viaje inútilmente. ¡Y vaya si hay terreno de aquí a Xochiapan! No te quepa la menor duda: el clerizonte ha cambiado a la muchacha. Desengáñate, Míster: esas aves negras del romanismo dominan el mundo desde el confesonario. Tú no quieres creerlo porque tienes sangre de mocho. No puedes olvidar que tu padre fue Comisario Imperial. Eres rico, y los ricos son por instinto aristócratas, de trono y altar. Aunque no lo quieras confesar tienes todavía los resabios del colegio… y sobre todo, Albertín, eres rico… ¡Si yo lo fuera!