Vida de Pedro Saputo by Braulio Foz — Read

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¡Qué lástima que Pedro Saputo pasase de los diecisiete o dieciocho años aún de la edad que tenía cuando salió del convento! ¡Qué cosas tan amables habría en su vida! Porque lo que es él no necesitaba más barbas, más tempero ni madurez: era un gran músico, un buen pintor, literato, filósofo, muy robusto y esforzado, hombre perfecto, hombre completo y hecho de todos modos. Es verdad que como los demás hubieran ido envejeciendo, no hubiese podido tener siempre unos mismos amores, y se viera obligado a dejar los que se iban de edad, y tomar los que fuesen viniendo. Mas esto a él ¿qué se le podía dar?; algo, ya lo veo; porque ni el corazón del hombre es ése ni hay verdadero amor sin estimación, ni estimación sin virtud, y la virtud sigue todas las edades. Peor sería aún si había hijos, porque éstos crecerían, barbarían, y se harían hombres, y el padre se quedaría detrás de ellos y muchacho siempre. Vaya, no puede ser, no estaría bien, es disparate pensarlo; mejor es lo que ahora usamos.

Por otra parte, ¡ser siempre joven!, ¡no pasar nunca los veinte años! ¡Ay, qué bueno sería, dirá aquí alguna muchacha pasada ya de esa edad o asomando a ella! ¡Ay, qué bueno! Pues mira, lector, di a esa muchacha, o entiéndelo tú que lees, la joven de los cuatro lustros, o los que tengas, que si en mi mano estuviera nunca seríais viejas, sin que sea lisonja parecéis mejor y nos gustáis más de jóvenes. En llegando que llegaseis al aspecto medio y de tránsito que dan los treinta y cuatro o treinta y cinco a la mujer, os pararía allí y no seríais más feas. Sí que ha pasado ya la juventud y se fue el color de rosa, y la viveza de los ojos y la lisura de la tez, y el aire y la amabilidad de los años de las gracias. Pero aún no sois feas. ¿Qué más queríais? Hablad a los diez años más, y diréis: ¡ay si aquéllos fueran! Pero no se me ha dado semejante encargo; lo siento, y más no poderlo remediar. Conque admitid la voluntad o alcanzadme licencia para serviros.

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