Explore "Vida de Pedro Saputo" by Braulio Foz on Textopian. Read with annotations and highlights.
De ahí a algún tiempo, que empleó en hacer los retratos de todos los de casa, es decir, de los padres y su hermano y Juanita, le preguntó su padre si había pensado en tomar estado y vivir como hombre de otras obligaciones. Respondió que alguna vez había pensado, pero ligeramente; que ahora, sin embargo, le parecía que debía tratarlo con seso y resolución, aunque la edad no le apremiaba. Manifestóle entonces su padre que así él como su madre deseaban verle casado; y cuando lo determines, dijo, aquí tengo todavía la lista que formé para tu hermano de todas las doncellas que en tierra de Huesca y Barbastro y la próxima Montaña me pareció que había a propósito. Apartóse poco de casa, porque en el segundo pueblo que visitó encontró ya quien le paró, que fue Juanita. Algunas se han casado, y están borradas, otras he añadido estos días porque han llegado a la edad que entonces no tenían. Tomó Pedro Saputo la lista, fue leyendo nombres y notas, porque cada una llevaba la suya de la edad, dote que les podían dar, y cualidades personales. Vio entre ellas algunas de las que conoció de estudiante, y a Morfina Estada, que era la que él buscaba, con un elogio que ninguna otra le igualaba; y al fin estas palabras: pero no quiere casarse ni recibe galanteos ni obsequios de nadie.
Como el padre y el hijo eran muy activos empleó aquél dos días en escribir cartas, dióselas a Pedro Saputo y salió éste a verificar el registro de aquellas doncellas con presupuesto de divertirse mucho y comparando aquella expedición a la de los estudiantes. Por de pronto y antes de ver a ninguna, eran tres las que le ocupaban el pensamiento: Eulalia, Rosa y Morfina. La primera tenía el mérito de haberle amado con mucha constancia, y de haber dicho mil veces públicamente que por Pedro Saputo despreciaría al mayor príncipe del mundo con su cetro y su corona real. La segunda estaba también en su corazón, pero más como hermana que como amante, pareciéndole imposible amarla de otra manera. Morfina, que por su hermosura, educación, talento, discreción y virtudes era la que prefería entre todas, hacía cerca de siete años que no la había visto, ni le escribió nunca por dudar de su suerte y no atreverse a vivir con ella en el país ni llevarla a la ventura a otra provincia; y temía que le hubiese olvidado o pensase en él con indiferencia, por ser prueba a que ningún amor puede resistir faltando la esperanza, o la comunicación, que es la que le sostiene. Es de pecho más profundo que todas, se decía a sí mismo; la de mejor entendimiento; la que tratándome menos me ha conocido más y ofreciéndoseme con más inteligencia y estimación de mí y de su persona; su amor, si todavía existiese, el más antiguo también; y ¡con qué firmeza y prendas fue fundado y asegurado! ¡Pero seis años, siete años sin saber de mí, fuera de la visita no lograda de su padre, siete años sin saber si yo pienso en ella! Nadie los resistió en el mundo no mediando necesidad u obligación pública o secreta, pero cierta y eficaz, y en rigor no media de esta calidad entre nosotros.