Vida de Pedro Saputo by Braulio Foz — Read

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Triste y pensativo caminaba después de aquella dolorosa separación, y no acertaba a andar ni sabía a dónde quería ir. Pero su corazón le llevaba hacia la aldea de sus novicias, en la cual entró el segundo día, procurando llegar tarde y fingiéndose cojo, lo uno para descansar libremente aquella noche, lo otro para tener pretexto y causa de detenerse un día o más si conviniese. Metióse en la primera casa que encontró abierta, cenó y se acostó quejándose del cansancio y de la cojera.

Por la mañana cuando se estaba quitando los postizos bigotes y lavando entraron los padres de las dos muchachas, y al verle ocupado en su aseo le saludaron no más y se salieron a la cocina. Lavado, mudado y aseado que estuvo, salió muy alegre haciendo siempre el cojo, le tomaron y se le llevaron a casa de Paulina donde se disponía la comida; y porque la cojera era grande según andaba, le dejaron allí y se fueron cada uno a sus querencias. Pudo hablar un poco a solas con Paulina, y le dijo: -¿Entendisteis mi papel? -No, señor, respondió ella. -Bien, pues, dije yo, que ya me habéis olvidado. ¡Fementidas! ¡Ingratas! Miróle entonces ella, y como ya no llevaba los bigotes y la perilla que era lo que más le hacía parecer otro, lo iba reconociendo, y se le mudaba el color, y acertaba ya, cuando le decía él: -Sí, soy yo; ¡el mismo!, ¡no te engañas!; vuestro compañero y amante del noviciado. Abre ella entonces más los ojos, le conoce, y sin poderse contener se arroja a él con brazos abiertos. -Ve, le dijo, y da la noticia a Juanita. Pero sed prudentes. Se deshacía ella de amor, y agitada y anhelosa fue a decírselo a Juanita. Llamóla aparte y apretándole la mano le dijo: ¡Ay, amiga, que el estudiante del billete era Geminita, y es él que está ahora en mi casa y no le conocimos! Juanita creyó que su amiga había perdido la cabeza o deliraba; pero fue allá y hubo de desengañarse, y creer lo que vieron sus ojos y sintió su corazón al verle y oír aquella voz tan acostumbrada.

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