Read "Satiricón" by Petronio online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
¿Qué hacer?
Misérrimos mortales, desconocíamos por completo la salida de aquel nuevo laberinto.
Aunque acabábamos ya de bañarnos, mal de nuestro grado, rogamos al portero que nos indicase el camino del baño; entregamos nuestras ropas a Gitón para que las secase y desnudos entramos en un estrecho pasadizo, semejante a una cisterna frigorífica, en la cual hallábase ya Trimalcio de pie y también desnudo, charlando con su acostumbrada fanfarria, frases insípidas que fuimos forzados a escuchar.
Decía que no había nada tan delicioso como bañarse lejos de la turba importuna; que aquel cuarto había sido antes un horno; al fin cansado de estar derecho se sentó; pero desgraciadamente la sala donde estábamos tenía eco y le dio la idea de cantar, comenzando a hacer retemblar la bóveda con sus relinchos, entrecortados con el hipo de la embriaguez, canciones que según decían los que las entendían que eran de Menecrato [Menécrates].
Algunos de los comensales daban vueltas en torno de su baño con los pies en alto; otros se zambullían mutuamente dando gritos penetrantes que ensordecían; éstos, con las manos atadas, trataban de recoger del suelo anillos; aquéllos, con una rodilla en tierra, enarcaban el cuerpo hacia atrás, tratando de tocar con la cabeza el talón.
Dejando a todos aquellos borrachos divertirse como podían, bajamos con Trimalcio a otro aposento, y cuando se hubieron disipado los últimos restos de nuestra embriaguez, entramos en otro comedor donde Fortunata estaba disponiendo todo para obsequiarnos con otra espléndida refacción.
Las lámparas que adornaban el techo estaban sostenidas por figuritas de bronce, representando pescadores; las mesas eran de plata maciza; las copas de arcilla dorada, y ante nosotros había un odre de donde salía el vino en abundancia.
Entonces Trimalcio: -Amigos, nos dijo; hoy cortan la primera barba a mí esclavo favorito; es un muchacho excelente a quien aprecio mucho.
Bebamos, pues, como esponjas, y que el día al nacer nos encuentre todavía en la mesa.