Read "Satiricón" by Petronio online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Entre tanto, el gusanillo de la venganza no satisfecha me tuvo intranquilo y desvelado la mitad de la noche; hacia el amanecer, por calmar mi agitación y olvidar la injuria que tanto lamentaba, salí del albergue y recorrí de nuevo todos los pórticos, entrando en una galería adornada con varios cuadros muy notables.
Los vi de Tenxido Zeuxis que resistían aún lozanos la injuria del tiempo; examiné los ensayos de Protógenes, que rivalizaban en verdad con la naturaleza misma y que no me atreví a tocar sino con un estremecimiento de religioso respeto, y vi también tablas del divino Apeles, del género que llaman los griegos monocromo.
Tanta era la verdad del dibujo y lo acertado del color que se hubieran creído imágenes vivientes animadas por el genio del pintor.
Acá se elevaba sublime al cielo un dios cabalgando sobre una águila: allá el puro Hilas rechazaba las caricias lascivas de una Náyade; más lejos Apolo, deplorando el asesinato cometido por su mano, adornaba su lira, recogiéndola de sobre un jacinto recién abierto.
En medio de tales maravillas, y olvidando que me hallaba en un paraje público, exclamé: -¿Luego el amor no perdona ni a los dioses?
Júpiter, no hallando en el cielo beldad que le satisficiese, baja en busca de su amor a la tierra, pero a nadie agravia con ello.
La Ninfa de Hilas hubiera acallado su pasión si su ventura hubiese impedido de algún modo la de Hércules.
Apolo hace revivir en una flor al hijo que adoraba, y todas las fábulas, en fin, están llenas de amorosas relaciones no estorbadas o rotas por rivales.
Sin embargo, yo he recibido en mi compañía un huésped más cruel que Licurgo.
Mientras lanzaba al viento mis inútiles quejas, entró en la galería un anciano de cabellos blancos, de rostro reflexivo y que parecía prometer algo grande, pero de poco cuidadoso aspecto.
Su exterior revelaba uno de estos literatos que suelen ser despreciados por los ricos; se llegó a mi lado, y: -Yo, dijo, soy poeta, y me congratulo de no serlo malo, si he de creer a las varias coronas públicas que me han discernido, aunque es cierto que muchas veces se conceden a los necios por complacencia. ¿Por qué, pues, me dirás, vas tan mal vestido? Por eso mismo; el amor a las letras no enriquece a nadie.
Al mar desafiando se encuentra la fortuna; / el oro del vencido se embolsa el vencedor; / quien vende sus favores a bellas, se enriquece; / y a costa de los necios oí vil adulador; / sólo vive muriendo, y miserable, / el que de artista tiene vocación.