Satiricón by Petronio

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A la noche siguiente, animado por el éxito de la anterior, mudé de deseo, y: -Si mientras, dije, recorro con mi mano todas las partes de su cuerpo no se despierta, dos gallos hermosos de pelea regalaré a mi discípulo.-A este voto el muchacho pareció quererse acercar a mí, temiendo, sin duda, que yo pudiera dormirme; pero yo acudí solícito y mi mano voluptuosa recorrió con placer lúbrico incomparable todo su cuerpo.

Después, en cuanto llegó el nuevo día, me apresuré a cumplir mi promesa, colmando de júbilo al muchacho.

A la tercera noche, cada vez mas audaz, acercándome al oído del niño: -¡Dioses inmortales!, exclamé, si logro llevar a término el coito pleno y delicioso sin que mi discípulo lo sienta, prometo darle mañana una hermosísima jaquita macedónica.

Nunca Febo había favorecido a mi discípulo con un sueño tan profundo.

Primero acariciele ávidamente con las manos, después lo cubrí de ardientes besos, y al fin gusté y saboreé mi completa dicha, colmando mis votos todos.

Sentado en su dormitorio, al día siguiente, esperaba el niño mi regalo.

Ya comprendes que no es tan fácil regalar una jaquita como un par de palomas o de gallos de pelea; fuera de la diferencia de precio, por el temor fundado que me entró de que tal generosidad fuera sospechosa a los padres.

Así, pues, después de pasearme algunas horas volví a casa con las manos vacías y, como único presente, di un beso a mi amiguito.

El saltó a mi cuello para abrazarme, y mirando a todos lados con ojos investigadores:-Te ruego, seños, me dijo, que no me hagas penar, ¿dónde está la jaca? -La dificultad para encontrar una a mi gusto, le contesté, me ha hecho diferir el regalo, pero dentro de pocos días cumpliré mi palabra.

El niño comprendió lo que significaba mi respuesta, y su rostro traslució el descontento que la evasiva le produjo.

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