Satiricón by Petronio

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Aunque esta ofensa me cerró el corazón del muchacho, que yo había sabido abrirme con las supercherías relatadas, no tardé mucho a volverme a tomar con él las mismas libertades.

En efecto, .algunos días después una feliz casualidad me proporcionó la ocasión que yo acechaba, y en cuanto vi al padre profundamente dormido rogué al querido niño que hiciera las paces conmigo, dejándome, procurarle placer tan grande como el que yo iba a experimentar; en fin, empleé todo cuanto argumento me dictó mi lujuria.

Empero él, rencoroso y enojadísimo, no me contestó más que estas palabras: O duerme o se lo digo ahora mismo a mi padre.

Nada hay tan audaz como un deseo lúbrico.

Entonces dije: -Llama a tu padre, si quieres,-y echándome en su lecho le arranqué los favores que me rehusaba.

Opuso él sólo una débil resistencia, condoliéndose de que, por mi falta de palabra, le había hecho la irrisión de sus condiscípulos, con quienes se jactaba de mi generosidad. -Para que veas, me dijo luego, que no soy como tú, si quieres repetir, repite.- Aproveché, su invitación, puesto que habíamos hecho las paces, y me dormí en sus brazos.

Mas no se satisfizo con la repetición el muchacho, madurado ya para el placer, y a quien el ardor de la edad excitaba, y despertándome súbitamente: ¿No repites?, me dijo.

Sentí aún un resto de vigor y acometí por tercera vez, aunque sin entusiasmo, y llegando al final sudoroso y sin aliento casi.

Al fin, agotado ya por el triple esfuerzo, me dormí.

Pero no habría transcurrido una hora cuando el chiquillo me despertó de nuevo para preguntarme: -¿Ya hemos terminado?- Entonces colérico por haber sido despertado y sin ganas de nuevos placeres aquella noche, repetí sus anteriores palabras con airada voz: -O duerme ó se lo digo ahora mismo a tu padre.

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