Satiricón by Petronio

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Para desenlace de la comedia, el hostelero abrió la puerta trayéndonos el segundo servicio, y viéndonos tendidos por el suelo, a los dos que habíamos representado el papel de amantes: -Decidme, os ruego, exclamó; ¿sois borrachos o vagamundos o ambas cosas a la vez? ¿Quien enderezó este lecho, recostándolo en el muro? ¿Qué maquinación estáis urdiendo? ¡Por Hércules! vosotros sin duda queréis escaparos esta noche sin pagar el hospedaje; pero no lo haréis impunemente.

Ya os haré ver que esta casa no pertenece a una viuda sin amparo, sino a Marco Municio. -¡Te atreves a amenazarnos? exclamó Eumolpo; y descargó inmediatamente un vigoroso bofetón al hostelero.

Este, casi embriagado por haber bebido con todos sus huéspedes, arroja una vasija de barro a la cabeza de Eumolpo, hiriéndole en la frente; y en seguida huye rápidamente.

El poeta, furioso, se apodera de un candelabro, persigue a Marco Municio, y le devuelve con usura el golpe recibido.

Criados y buen número de borrachos acuden al ruido.

Yo, aprovechando la ocasión, y para vengarme de la encerrona de Eumolpo, me encierro con Giton y lo abandono a su suerte, resuelto a gozar sin rivales de mi cuarto y del placer que me promete la noche.

Entonces los marmitones y todos los huéspedes del albergue, caen con saña sobre el infeliz a quien he cortado la retirada; uno amenaza saltarle los ojos con unas parrillas recién retiradas del fuego; otro se cuadra ante él en actitud belicosa, con un gancho de colgar carne; y una asquerosa vieja, sucia y fea, vi que arrastraba con una cadena a un enorme perro, azuzándolo contra Eumolpo; pero éste paraba diestramente con su candelabro, todos los golpes.

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