Read "Satiricón" by Petronio online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Estos versos, declamados con voz hueca, que traslucían la emoción de Trifena, pareció calmar algo el ardor de los combatientes, y Eumolpo, como jefe de uno de los bandos y aprovechando la ocasión, después de censurar fuertemente a Licas, redactó los artículos de un tratado de paz cuyas fórmulas principales eran:
«Trifena consiente de buen grado en olvidar todos sus resentimientos con Giton, comprometiéndose a no dirigirle reproche alguno, a no vengarse ni perseguirlo en adelante, así como a no exigir de él ni caricias, ni besos, ni otros favores más tiernos, so pena de pagarles cien denarios por cada contravención.
«Ítem: Licas, voluntariamente se compromete a no vengarse de Encolpio, ni maltratarlo, ni ponerle mala cara al perseguirlo con propósitos lúbricos, yendo a buscarlo por la noche a su lecho; y si así no se hiciere se compromete a pagar doscientos denarios de oro por cada tentativa injuriosa de violación.»
Concluido y aceptado el tratado, depusimos las armas; y para que no fermentase levadura alguna de odio en nuestras mentes, después del juramento de rigor, para ratificar el completo olvido del pasado, nos dimos el ósculo de paz.
Calmados los odios, el campo de batalla se transformó en triclinio, y el banquete alegre acabó de conciliar los espíritus.
Toda la nave resuena con nuestros alegres cánticos; y como, una, repentina calma interrumpe nuestra marcha, algunos echan ganchos al mar para pescar como con arpón, otros cubren sus anzuelos de pérfida envoltura y tiran su presa, que trata de escapar en vano; algunas aves marinas, que se posaron sobre las antenas del navío y pegadas en ellas por las patas, se dejan coger con las manos; el aire lleva su pelaje, mientras sus plumas, más pesadas, caen al mar y se confunden con las espumas.
Ya Licas y yo nos reconciliábamos; ya Trifena, loqueando con Giton, le manchaba con vino el rostro, cuando Eumolpo, completamente embriagado, empezó a burlarse de los calvos y de los tiñosos.
Después de haber agotado sus bromas, en prosa, soplole la musa, y nos declamó, esta especie de elegía a la pérdida de los cabellos:
¿Do fueron tus cabellos, juguetes de las auras, / que sombreaban tu frente con áureo esplendor? / Cayeron cual las hojas del árbol en otoño, / y las desnudas ramas invierno cruel secó.
¡Falaz naturaleza!
Los años más hermosos, / los años juveniles duran lo que una flor, / son los primeros que huyen, por ser los más dichosos, / los años del amor.
De Febo ayer rival, de las hermosas / a quienes conquistaste te burlabas; / pero hoy, cuando contemplan tu calvicie, / estallan en burlona carcajada.
¡Rosa que arranca el viento de su tallo / tiene vida precaria!.