CAPÍTULO 7
El déficit
CAPÍTULO 7Visible text2 paragraphs
Hay ocasiones en la historia y en la experiencia actuales, en que la enunciación de algo del más elemental sentido común tiene una apariencia excéntrica, irracional e incluso algo demente. Es el riesgo que corre hoy en Estados Unidos quien desafíe el actual compromiso de reducir y eliminar el déficit público, siendo éste el exceso general del gasto por encima de los ingresos en las arcas públicas. Como acabamos de señalar, la exigencia de equilibrio presupuestario no se ha convertido en mandato constitucional, con no menos protección legal que la libertad de expresión o los derechos de la propiedad privada, por un margen de un par de votos, en el caso de que posteriormente dieran su conformidad los estados miembros. Que un determinado gasto puede aumentar el déficit se ha convertido en una objeción decisiva en su contra, y esto es así incluso cuando se trata de los objetivos más necesarios, que afectan a los ciudadanos más necesitados; y especialmente entonces, en una medida sustancial, en los últimos tiempos. En la experiencia estadounidense determinados gastos de la administración central siguen sin provocar preocupación pública por el déficit, de los que el ejemplo más impresionante es el de los gastos militares, sobre los que volveré más adelante. No ocurre desde luego lo mismo con los que recaen sobre los pobres.
En una sociedad buena, ¿cuál es la norma dominante en lo referente al endeudamiento público y a la creación de déficit público?
