Explore "Una sociedad mejor" by John Kenneth Galbraith on Textopian. Read with annotations and highlights.
Una buena sociedad no busca la igualdad en la distribución de la renta. La igualdad no es coherente con la naturaleza humana ni con el sistema económico contemporáneo. Como todos sabemos, las personas difieren radicalmente en su dedicación a ganar dinero y también en su competencia para hacerlo. Y parte de la energía y de la iniciativa de que depende la economía contemporánea no sólo procede del deseo de dinero, sino también del impulso a sobresalir en su adquisición. Esto último es un test de calidad, una importante fuente de prestigio público.
Una poderosa corriente del pensamiento social ha sostenido que hay, o podría haber, un mayor nivel de motivación si hubiese un nivel igualitario de gratificación: «De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades». Esta esperanza, que se extendió mucho más allá que Marx, se ha demostrado, tanto históricamente como en la experiencia humana, que es irrelevante. Para bien o para mal, los seres humanos no llegan a esas alturas. Generaciones de socialistas y de líderes de orientación social lo han aprendido en su desilusión y muy a menudo para su pesar. El hecho básico está claro: una buena sociedad debe aceptar a hombres y mujeres tal como son. No obstante, eso no disminuye la exigencia de una clara visión de las fuerzas que controlan la distribución de la renta ni de los factores que forman las actitudes al respecto. Ni de cómo debe concebirse, en términos absolutamente prácticos, la política sobre la distribución de la renta.