Explore "Seda" by Alessandro Baricco on Textopian. Read with annotations and highlights.
En la mañana del último día, Hervé Joncour salió de su casa y se puso a vagabundear por el pueblo. Encontraba hombres que se inclinaban a su paso y mujeres que, bajando la mirada, le sonreían. Entendió que había llegado a la morada de Hara Kei cuando vio una enorme jaula que custodiaba un número increíble de pájaros de todo tipo: un espectáculo. Hara Kei le había contado que los había hecho traer de todas partes del mundo. Había algunos más costosos que toda la seda que Lavilledieu podía producir en un año. Hervé Joncour se detuvo a mirar aquella magnifica locura. Recordó haber leído en un libro que los hombres orientales, para honrar la fidelidad de sus amantes, no acostumbraban regalarles joyas: sino pájaros refinados y bellísimos.
La morada de Hara Kei parecía anegada en un lago de silencio. Hervé Joncour se acerco y se detuvo a pocos metros de la entrada. Allí no había puertas, y sobre las paredes de papel aparecían y desaparecían sombras que no difundían ningún rumor. No parecía vida: si había un nombre para todo eso era: teatro. Sin saber nada, Hervé Joncour se detuvo a esperar: inmóvil, de pie, a pocos metros de la casa. Por todo el tiempo que concedió al destino, sólo sombras y silencios fueron lo que aquel; singular escenario dejó filtrar. Así, al final, Hervé Joncour se dio media vuelta y volvió a caminar, veloz, hacia su casa. Con la cabeza inclinada, miraba sus pasos, ya que eso le ayudaba a no pensar.