El arroyo by Eliseo Reclus — Read

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El arroyo no es sólo para nosotros el más gracioso ornamento del paisaje y el lugar encantado de nuestras alegrías; es además para la vida material del hombre un depósito de alimentación, y su agua fecunda nutre las plantas y los peces que sirven para nuestra subsistencia. La incesante batalla por la vida, que nos ha hecho enemigos del animal de los prados y del pájaro del cielo, excita también nuestros instintos contra los habitantes del arroyo. Al ver la trucha resbalar rápida por la masa líquida como un rayo de luz, no nos contentamos con sólo admirar la forma prolongada de su cuerpo y la maravillosa rapidez de sus movimientos, sino que lamentamos también no poder coger al animal y tener el placer de comérnoslo. Esta terrible boca poblada de dientes que se abre en medio de nuestra cara, nos hace parecidos al tigre, al tiburón y al cocodrilo. Nosotros, como estos animales, resultamos bestias feroces.

En siglos pasados, cuando nuestros ascendientes ignoraban el arte de cultivar el suelo y sembrar el grano alimenticio para convertirlo en espiga, el hombre que no tenía el recurso de la antropofagia, había de recurrir, para alimentarse, á desenterrar raíces del suelo, á comerse las matas de hierbas sabrosas, los cadáveres de los animales cazados en el bosque y los peces cogidos en el mar ó en los ríos.

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