Explore "Génesis del mar" by Jules Michelet on Textopian. Read with annotations and highlights.
Si, después de haber contemplado nuestra rica colección de armaduras de la Edad Media y aquellas pesadas moles de hierro con que se tapujaban nuestros caballeros, nos encaminamos al Museo de Historia Natural para ver las armaduras de los crustáceos, nos causa lástima el arte del hombre. Las primeras son un carnaval de disfraces ridículos, que estorbaban y mortificaban, sirviendo sólo para ahogar á los guerreros y hacerlos inofensivos; al paso que las otras, sobre todo, las armas de los terribles decápodos, son de tal suerte horrorosas que, si tuvieran la altura del hombre, nadie podría mirarlas sin desvío: los más valientes se sentirían turbados, magnetizados de terror.
Allí se ostentan en traje de batalla, bajo aquel temible arsenal ofensivo y defensivo, que llevan con tanta ligereza, sólidas pinzas, lanzas aceradas, mandíbulas capaces de partir el hierro, corazas erizadas de dardos, que basta que os abracen para causaros mil heridas.