Explore "El infierno artificial" by Horacio Quiroga on Textopian. Read with annotations and highlights.
Las noches en que hay luna, el sepulturero avanza por entre las tumbas con paso singularmente rigido. Va desnudo hasta la cintura y lleva un gran sombrero de paja. Su sonrisa, fija, da la sensacion de estar pegada con cola a la cara. Si fuera descalzo, se notaria que camina con los pulgares del pie doblados hacia abajo.
No tiene esto nada de extrano, porque el sepulturero abusa del cloroformo. Incidencias del oficio lo han llevado a probar el anestesico, y cuando el cloroformo muerde en un hombre, dificilmente suelta. Nuestro conocido espera la noche para destapar su frasco, y como su sensatez es grande, escoge el cementerio para inviolable teatro de sus borracheras.