CAPÍTULO 7
PARTE V
De la matanza de los judíos hecha por los idumeos
CAPÍTULO 7Visible text2 paragraphs
Dichas estas cosas, los idumeos todos con voz alta asintieron en ello, y Jesús se fué triste viendo que los idumeos no podían venir ni consentir en cosa alguna moderada y de razón, y viendo también que la ciudad estaba combatida por dos partes y por dos diversas gentes. La soberbia y ánimo levantado de los idumeos no podía reposarse, no pudiendo sufrir la injuria que les había sido hecha en haberles prohibido la entrada de la ciudad: y temiéndose que la fuerza de aquellos zelotes era muy firme y era muy grande, pesábales ya de haber venido, pues vieron no tener algo que pudiese ayudarles; pero la vergüenza que tenían de volverse sin haber hecho cosa alguna, vencía su pesar. Puestos, pues, sus alojamientos allí mismo cerca del muro, determinaron quedar.
Sucedió que aquella noche hizo muy gran frío, levantáronse vientos muy bravos, y vino grande agua, muchos rayos y horribles truenos: sintieron que la tierra temblaba, por lo cual todos estaban ya muy ciertos que por destrucción de los hombres el estado del mundo se confundía, porque aquellas señales no manifestaban haber de ser algo que poco importase. Los idumeos y los de la ciudad conformaban en esto, pensando que Dios estaba enojado contra aquéllos por haber venido para hacer la guerra, y que no podían escapar si determinaban pelear contra la ciudad. Anano y sus compañeros, por otra parte, pensaban haber ya sin batalla vencido, y creían que Dios quería hacer la guerra por ellos. Ciertamente declaraban mal lo que había de ser, y atribuían lo que ellos habían de padecer, a los enemigos.
