CAPÍTULO 3
PARTE VI
Del estrago de los gadarenses, y cómo se rindieron
CAPÍTULO 3Visible text2 paragraphs
Pretendiendo Juan hacerse tirano, teníase por afrentado en no ser tenido en más que los otros, y juntándose con los peores que podía hallar, trabajaba en apartarse de aquellos con los cuales estaba. Hacíase conocer y sentir en no obedecer a los pareceres y determinación de los otros y en mandar más soberbiamente lo que quería.
Juntábanse con él algunos por miedo, otros de grado, porque era hombre maravilloso en engañar y persuadir lo que quería; muchos por ver que les era más seguridad seguirlo y hacer que la causa de las culpas cometidas se atribuyese a uno y no a todos: también, porque era hombre muy esforzado y de buen consejo, tenía muchos de su guarda, aunque muchos de la otra parte contraria lo habían ya dejado por tenerle envidia, pensando ser cosa grave sujetarse a uno que poco antes era igual con ellos: tenían por cierto que, si una vez él tomaba fuerzas, sería muy difícil derribarle, y temían que, por haberle ellos resistido al principio, no tomase ocasión fácilmente contra ellos para darles la muerte: por tanto, pues, cada uno preciaba más sufrir cualquiera cosa en la guerra, que, entregándose de voluntad, perecer como esclavo. En esto, pues, se levantaron las parcialidades y revueltas, y Juan reinaba en la parte contraria y discordante con la otra: tenían éstos todas sus cosas muy en orden y muy fuertes con sus guardas, y así nada se hacía, o ciertamente poco, cuando alguna vez acontecía trabarse en alguna pelea o escaramuza: tonnaron principalmente contienda contra el pueblo, y todos trabajaban por quién más robaría. Estando, pues, la ciudad muy trabajada con estas tres cosas, guerra, señorío y revueltas o sediciones, parecióle al pueblo el menor mal de todos estos tres, comparados entre sí, el de la guerra; por lo cual, dejando los asientos de su patria natural, huían a los extranjeros, y por beneficio de los romanos alcanzaban salud, la cual no hallaban entre los mismos suyos naturales.
