Las guerras de los judíos coverCAPÍTULO 2
CAPÍTULO 2

PARTE VI

De la discordia que había entre los de Jerusalén

CAPÍTULO 2Visible text2 paragraphs
Todos los romanos tenían el ánimo en la ciudad, juzgando que la discordia de los enemigos era ganancia para ellos, y por tanto, incitaban a Vespasiano, que tenía el poder y regimiento de todo, diciendo que por providencia divina los enemigos tenían entre sí la discordia; pero que breve y fácilmente se podían mudar de aquel estado, y luego habían de volver en concordia los judíos, o por estar cansados de los daños que de ellos mismos recibían, o por arrepentirse.
Respondió a éstos Vespasiano, que ignoraban ciertamente en gran manera lo que hacer convenía, deseando más mostrar como en teatro lo que con sus armas y esfuerzo podían con peligro, que pensar entre sí lo que más conveniente fuese, más útil y más provechoso: porque si luego daban asalto a la ciudad, ellos mismos habían de ser causa que los enemigos se concordasen y aviniesen, y levantarían las fuerzas de ellos contra sí mismos, las cuales aun estaban en su vigor y fortaleza; pero si se aguardaban, tendrían menos enemigos y menos resistencia cuando por discordia interna de ellos mismos fuesen consumidos. Dios, ciertamente, ordena mejor las cosas que vosotros, pues quería entregar los judíos a los romanos, sin que en ello tuviésemos trabajo, y quería dar a nuestro ejército la victoria sin algún peligro, y que por tanto, pues los enemigos con sus propias manos se mataban con tan gran daño, es a saber, tan revueltos, debémoslos nosotros mirar y dejarlos en tal peligro, antes que pelear con hombres que desean la muerte, y que están con la rabia de sus corazones enloquecidos.