Las guerras de los judíos by Flavio Josefo

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No le faltó luego otro nuevo cuidado, por causa de la amistad con Antonio, después de la victoria que César hubo en Accio; pero tenía mayor temor que debla, porque César no tenía por vencido a Antonio, entretanto que Herodes quedase con él vivo. Por lo cual el rey quiso prevenir a los peligros; y pasando a Rodo, adonde en este tiempo estaba César, vino a verse con él sin corona, vestido como un hombre particular, pero con pompa y compañía real, y sin disimular la verdad, díjole delante estas palabras: «Sepas, oh César, que siendo yo hecho rey por Antonio, confieso que he sido rey provechoso para Antonio; ni quiero encubrirte ahora cuán importuno enemigo me hallaras con él, si la guerra de los árabes no me detuviera. Pero, en fin, yo le he socorrido según han sido mis fuerzas, con gente y con trigo, ni en su desdicha recibida en Accio lo desamparé, porque se lo debía. Y aunque no fué en mi socorro tan grande cuanto entonces yo quisiera, todavía le di un buen consejo, diciéndole que la muerte de Cleopatra sola bastaba para corregir sus adversidades; y prometíle que si la mataba, yo le socorrería con dinero y con muros para defenderse, y con ejército; y prometíme yo mismo por compañero para unir toda mi fuerza contra ti. Pero por cierto los amores de Cleopatra le hicieron sordo a mis consejos, y Dios también, el cual te ha concedido a ti la victoria. Vencido soy, pues, yo juntamente con Antonio, y por tanto, me he quitado la corona de la cabeza con toda la fortuna y prosperidad de mi reino. He venido ahora a ofrecerme delante de tu presencia, confiando de alcanzar por tu virtud la vida, dándome prisa por que fuese examinada la amistad que con alguno he tenido."

A esto respondió César: «Antes ahora tente por salvo, y séate confirmado el reino; que por cierto mereces muy debidamente regir a muchos, pues trabajas en mostrar y defender la amistad tan fielmente. Y experiméntame con tal que seas fiel siendo más próspero, porque yo concibo grande esperanza en ver tu ánimo preclaro y muy magnánimo. Pero bien hizo Antonio en dar más crédito a Cleopatra que a tus consejos, porque por su locura te hemos ganado a ti; y a lo que puedo juzgar, tú comenzaste a hacerle primero beneficios, según Ventidio me escribe, pues le socorriste con socorro bastante contra los que le perseguían. Por tanto, ahora, por mi decreto y determinación quiero que seas confirmado en el reino: y quiero yo también hacerte ahora algún bien, por que no tengas ocasión de desear a Antonio." Habiendo tan benignamente amonestado César al rey que no dudase algo en su amistad, le puso la corona real y confirmóle el perdón de todo lo que había hasta allí pasado, en el cual puso muchas cosas en loor de Herodes. Este, habiendo dado algunos dones y presentes a César, rogábale que mandase librar a Alejandro, que era uno de los amigos de Antonio. Pero estando César muy airado, no lo quiso hacer, diciendo que aquel por quien él rogaba había hecho muchas cosas muy graves contra él, y por esto no quiso hacer lo que Herodes le suplicaba.

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