CAPÍTULO 24
PARTE 12: De los «Cuadernos de la cárcel»
TAYLOR Y EL AMERICANISMO[**]
CAPÍTULO 24Visible text2 paragraphs
Eugenio Giovannetti ha escrito, en el Pegaso de mayo de 1929, un artículo sobre "Federico Taylor y el americanismo", en el que dice: "La energía literaria, abstracta, nutrida de retórica generatizadora, no está ya en condiciones de comprender la energía técnica, cada vez más individual y aguda, tejido originalísimo de voluntad singular y de educación especializada. La literatura energética está aún en su Prometeo desencadenado, una imagen demasiado cómoda. El héroe de la civilización técnica no es un desencadenado; es un silencioso que sabe llevar por los cielos su férrea cadena. No es un ignorante que esté disfrutando el fresco, es un estudioso en el mejor sentido clásico, porque studium significaba ‘punta viva'. Mientras la civilización técnica, o mecanicista como quieren llamarla, elabora en silencio este tipo suyo de héroe incisivo, el culto literario de la energía no crea más que un neeio aéreo, un obseso cazador de nubes".
Debe señalarse cómo no se ha tratado de aplicar al americanismo la formulita de Gentile sobre la "filosofía que no se enuncia en fórmulas, sino que se afirma en la acción"; esto es significativo e instructivo, porque si la fórmula posee un valor, es precisamente el americanismo el que puede reivindicarlo. Por el contrario, cuando se habla del americanismo, se encuentra que éste es "mecanicista", tosco, brutal, es decir "pura acción", y se le opone la tradición, etcétera, Pero esta tradición ¿por qué no se asume también como base filosófica, como la filosofía enunciada en fórmulas de aquellos movimientos para los cuales, al contrario, la "filosofía es afirmada en la acción"? Esta contradicción puede explicar muchas cosas: por ejemplo, la diferencia entre la acción real, que modifica esencialmente tanto al hombre como a la realidad externa (esto es, la cultura real) y es el americanismo, y el gladiadorismo estúpido que se autoproclama acción y modifica solamente el vocabulario, no las cosas, el gesto externo, no el hombre interior. La primera está buscando un futuro que es intrínseco a su actividad objetiva y sobre el cual se prefiere callar. El segundo sólo crea fantoches perfeccionados, mal cortados sobre un patrón retóricamente prefijado, y que caerán en la nada apenas se corten los hilos externos que les dan la apariencia del movimiento y de la vida.
