Sobre el fascismo coverCAPÍTULO 25
CAPÍTULO 25

PARTE 12: De los «Cuadernos de la cárcel»

ACCIONES Y TÍTULOS DEL ESTADO

CAPÍTULO 25Visible text2 paragraphs
¿Qué cambio radical provocará en la orientación del pequeño y mediano ahorro la actual depresión económica si ésta, como parece probable, se prolonga aún durante algún tiempo? Puede observarse que la caída del mercado de acciones ha determinado un traslado desmedido de riqueza y un fenómeno de expropiación "simultánea" del ahorro de grandes masas de la población, un poco en todas partes, pero especialmente en Estados Unidos. Así, los procesos enfermizos que se verificaron a causa de la inflación, en la primera posguerra, se han renovado en toda una serie de países, y han actuado en los países que en el periodo precedente no conocieron la inflación. El sistema que el gobierno italiano ha intensificado en estos años (continuando una tradición ya existente, aunque en menor escala) parece el más racional y orgánico, al menos para un grupo de países, pero ¿qué consecuencias podrá tener? Diferencia entre acciones comunes y acciones privilegiadas, entre éstas y las obligaciones, y entre acciones y obligaciones del mercado libre y obligaciones o títulos del Estado, La masa de los ahorradores trata de deshacerse completamente de las acciones de todo tipo, devaluadas de manera inaudita: prefiere las obligaciones a las acciones, pero prefiere los títulos de Estado a cualquier otra forma de inversión. Puede decirse que la masa de los ahorradores quiere romper todo vínculo directo con el conjunto del sistema capitalista privado, pero no niega su confianza al Estado: quiere participar en la actividad económica, pero a través del Estado, que le garantiza un interés módico pero seguro, El Estado resulta así investido de una función de primer orden en el sistema capitalista, como empresa (holding estatal) que concentra el ahorro para ponerlo a disposición de la industria y la actividad privada, como inversionista a mediano y largo plazo (creación italiana de los diversos institutos de crédito mobiliario, de reconstrucción industrial, etcétera; transformación de la banca comercial, consolidación de las cajas de ahorro, creación de nuevas formas en el ahorro postal, etcétera). Pero, una vez asumida esta función, por necesidades económicas imprescindibles, ¿puede el Estado desinteresarse de la organización de la producción y del cambio? ¿puede dejarla, como antes, a la iniciativa de la competencia y de la iniciativa privada? Si esto sucediese, la desconfianza que hoy afecta a la industria y al comercio privado, se dirigiría también contra el Estado; el surgimiento de una situación que obligase al Estado a devaluar sus títulos (con la inflación o en otra forma) igual como se han devaluado las acciones privadas, resultaría catastrófico para el conjunto de la organización económico-social. El Estado se ve obligado así necesariamente a intervenir para controlar si las inversiones realizadas con su mediación son bien administradas, y así se comprende al menos un aspecto de las discusiones teóricas sobre el régimen corporativo. Pero el simple control no es suficiente. En efecto, no se trata sólo de conservar el aparato productivo tal como es en un momento dado; se trata de reorganizarlo para desarrollarlo paralelamente al aumento de la población y de las necesidades colectivas. Precisamente en estos desarrollos necesarios estriba el mayor riesgo de la iniciativa privada y debería ser mayor la intervención estatal, que tampoco está desprovista de peligros, sino todo lo contrario.
Aludimos a estos elementos por ser los más orgánicos y esenciales, pero también otros elementos conducen a la intervención estatal, o la justifican teóricamente: la agravación de los regímenes aduanales y de las tendencias antárquicas, los premios, el dumping, los salvamentos de las grandes empresas abocadas al fracaso o en peligro, o sea, como se ha dicho, la "nacionalización de las pérdidas y de los déficits industriales", etcétera.