Explore "De sobremesa; crónicas 2" by Jacinto Benavente on Textopian. Read with annotations and highlights.
Á las naturales bromas, inspiradas por la natural desconfianza en la aplicación de tanta y tanta pragmática como diluvia sobre madrileñas cabezas -- porque en provincias, ríanse ustedes de cierres á hora fija, descansos dominicales, etc., etc., -- responden los ministerialísimos, con atribuirlas á «críticos de café». Y en esa frase ponen todo el desprecio que les inspiran los cuatro madrileños gatos que, á falta de una tertulia ministerial, donde tomarlo de gorra, van á tomar un café al café, con gotas de censura á la infalible política que nos gobierna.
Estos críticos de café, gentecilla de poco más ó menos, con echarlo todo á crítica y á broma, son los que impiden el buen éxito de tanta sabia y moralizadora ordenanza. Se trata de prohibir la mendicidad callejera; el crítico de café, ¡habrá escéptico! como va de su casa al café por sus pasos contados y no en coche como las autoridades, y en cada esquina le acosan veinte pobres, y si lleva prisa, ha de echarse por medio de la calle, á riesgo de ser atropellado por los automóviles -- obedientes también á lo ordenado para regular su marcha, -- porque las aceras son círculo de recreo á los de la venerable y castiza orden del Plantón; á poco práctico que sea en los golfos de este mar, como dijo Tirso de Molina, verá cómo campan hampones, recién salidos de presidio, vagos de profesión, agentes de toda clase de negocios, toreros sin contrata, vendedores del «ful», libreros á la menta. ¿Cómo no ha de tomar á broma las ordenanzas?