Explore "Memorias de un Vagón de Ferrocarril" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
Con motivo de un descarrilamiento importante ocurrido en la línea de / Córdoba a Sevilla, mi familia -- al convoy yo lo llamo "mi familia" -- había / comentado mucho los sinsabores de nuestro oficio. El Tímido y Doña / Catástrofe opinaban que las únicas horas de tranquilidad completa que / disfrutamos son las pasadas en la ociosidad de las estaciones / terminales; cuando la máquina nos deja y sabemos que allí hemos de / quedarnos: sólo entonces descansan nuestros rodajes, y se encalma la / fiebre de los tubos para la calefacción, y el silencio y la certidumbre / de que ningún peligro ha de herirnos extiende por nuestro cuerpo una / somnolencia reparadora. Pero, mientras se camina, se sufre: el camino es / la amenaza constante, la tragedia que acecha en cada cruce. Sobre el mar / los barcos pueden luchar contra la muerte, detenerse, cambiar de rumbo, / correr delante de la tempestad si no se creen capaces de resistirla. / Nosotros, sujetos a la tiranía ineluctable de dos cintas de hierro, nada / de esto sabemos hacer. Los barcos, si se hunden, es despacio; nuestro / desastre, por el contrario, es instantáneo; el choque, el / descarrilamiento, nos matan de un modo fulminante. Vemos llegar la / muerte, y no sólo no nos es permitido esquivarla, sino que corremos / hacia ella, y con nuestro propio ímpetu favorecemos su obra. Al / Presumido, que en los albores de su vida había ambulado mucho por / Andalucía, se le ocurrió la siguiente comparación, por desgracia exacta:
-- Somos como los toreros: a un torero le ves sano y riéndose cinco / minutos antes de la corrida, y cinco minutos después está de cuerpo / presente. Así nosotros: ahora a mí, por ejemplo, nada me falta: mis / ruedas trabajan bien, mis asientos son cómodos, todas mis ventanas / cierran.; y puede ser que esta misma noche, antes de llegar a Segovia, / me veáis convertido en astillas.