La orgía perpetua, Flaubert y Madame Bovary

Explore "La orgía perpetua, Flaubert y Madame Bovary" by Mario Vargas Llosa on Textopian. Read with annotations and highlights.

La decepción fue muy dura y Flaubert tardó en recuperarse. El 5 de enero de 1850, desde El Cairo -Maxime y Gustave emprendieron viaje a Oriente pocos días después de la lectura-, una carta a su madre lo muestra lleno de dudas: «Saint Antoine est-il bon ou mauvais? Voilà par exemple ce que je me demande souvent. Lequel de moi ou des autres s'est trompé». Se resiste a acatar el veredicto de sus amigos, pero tampoco está seguro de sí mismo: «je suis plein de doutes et d'irrésolutions». La herida no se cierra y es una fuente de reflexión, o, como se diría hoy, de autocrítica. Poco antes de cumplirse un año del episodio, desde Damasco, Gustave le recuerda a Bouilhet lo terrible que fue para él lo sucedido: «Je suis pourtant revenu (non sans mal) du coup affreux que m'a porté Saint Antoine. Je ne me vante point de n'en être pas encoré un peu étourdi, mais je n'en suis plus malade comme je Tai été pendant les quatre premiers mois de mon voyage.

Je voyais tout à travers le voile d'ennuis dont cette déception m'avait enveloppé, et je me répétais l'inepte parole que tu m'envoies: ‘A quoi bon? '» (Carta del 4 de septiembre de 1850). Su compañero de viaje le reprocha en sus memorias haberse mostrado abúlico y retraído mientras atravesaban Egipto, Líbano, Palestina, Turquía y Grecia, actitudes que Du Camp atribuye a falta de curiosidad y a nostalgia de la familia y de Rouen, pero la razón secreta de ese desapego (relativo, por lo demás, como se advierte en las Notes de voyage) era la amargura que Flaubert arrastraba debido al «coup affreux». Las alusiones futuras en la Correspondance revelan que, a la distancia, toma con más serenidad el juicio de Bouilhet y Du Camp.

Reading navigation