Explore "La orgía perpetua, Flaubert y Madame Bovary" by Mario Vargas Llosa on Textopian. Read with annotations and highlights.
De muchacho, había sido un excelente nadador, y éste es el único ejercicio que realizaba, a veces, los días de buen tiempo. Al atardecer, cuando decaía el calor, solía darse una zambullida y bracear en el Sena frente a su casa. En una época había practicado con entusiasmo la navegación a vela, pero la abandonó a instancias de su madre. La señora se lo pidió, sin duda, no por temor a un accidente, como dice él en una carta, sino a raíz de sus ataques nerviosos. Los médicos habían ordenado reposo absoluto.