Descripción Colonial, Libro Segundo

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De aquí partió el Visorrey, donde tenia alojado el campo, la tierra adentro, y prosiguiendo su camino dió en el rio llamado de Pilaya, á quien algunos llamaron el rio Incógnito, no lo siendo; muchos iban en el real que le habian visto antes. Ya en este tiempo se comenzaba á sentir falta de comida en el real, porque la tierra no la lleva sino en los lugares donde los Chiriguanas siembran sus comidas, y siendo la tierra montosa, los árboles son infructíferos, si no son unos llamados cañares que son los azofeifos nuestros; otros no sé que lleven fructa, sino muchas garrapatas, á los cuales arrimándose, á un hombre caen tantas que le cubren de arriba abajo. Los Chiriguanas sus comidas habíanlas metido en la montaña, y aunque las buscaban los nuestros, no las hallaban. El Visorrey, ó por la destemplanza de la tierra del mucho calor ó por otras causas que descomponen los cuerpos humanos, comenzó á enfermar de unas bravas y recias calenturas que le iban creciendo y enflaqueciendo mucho, por las cuales é no poder caminar el Virrey en su literilla de hombros (la tierra no sufria litera de acémilas que llevaba) se detenian en los alojamientos más de lo necesario para pasar adelante; su médico todo lo posible hacia para su salud, y dia de Nuestra Señora de Agosto, cuando se pensó tener acabada la guerra, le desafució, y con todo esto el Visorrey no queria sino proseguir su jornada. Lo cual visto por el licenciado Recalde, entrando á visitarle en la tienda le dijo el estado de su enfermedad, y que si Nuestro Señor disponia dél en aquella tierra, allí le habian de sepultar, aunque esto no hacia al caso, porque la comun sepoltura de todos los hombres es la tierra. Lo que más se habia de advertir, y por lo que más se habia de mirar, era que todos se perderian cuantos con él entraron, y el reino del Perú corria mucho riesgo (como era verdad) de perderse con alguna tirania, y subcediera así si Nuestro Señor otra cosa no ordenara.

Tambien le puso delante de los ojos la hambre que se augmentaba en el real, y quien más la padecian eran los pobres indios; por tanto, le suplicaba mirase los grandes inconvenientes que se siguieran, irremediables, por los cuales perderia el crédito que con Su Majestad habia ganado hasta allí, y no permitiese que los miserables indios, á quien sacó de sus tierras, tan miserablemente murieran, porque acosados de la hambre se huian del real, sin saber camino, los cuales cayendo en las manos de los Chiriguanas, luego eran comidos, y cuando no, daban en manos de tigres, de que es aquella tierra poblada, y los despedazaban; lo cual siendo como era así, Su Excelencia mandase dar la vuelta al Perú, pues ya se habia hecho todo lo posible, y los Chiriguanas no parecian en el mundo.

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