Explore "La garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas" by Alonso de Castillo Solórzano on Textopian. Read with annotations and highlights.
Galantean á Rufina dos jóvenes; desafio que tuvieron, en el que murió el que la burló al principio; enviuda Rufina
La señora Rufina lloró á su padre con entrambos ojos. Diráme algún crítico que cuándo se ha visto llorar con uno; á que respondo, que cuando es el sentimiento tan de veras como éste, se llora á todo llorar, sin que el consuelo enjugue parte del llanto, y Rufina lloraba lo que faltaba á su esposo, que á fuer de yerno al uso, suspiraba adrede y sentía burlando. Quedaba Rufina casada, y eso en otra mujer de mejores inclinaciones le fuera de consuelo en esta pérdida; mas vivía con esposo de no gusto, y esto la doblaba el sentimiento; culpa de los padres que casan á sus hijos con edades desiguales. Sarabia vivía contento en verse marido de esposa moza y hermosa; mas Rufina era al contrario, porque su edad pedía otra igual á ella, aunque no fuera con tantas comodidades. Esto la hizo á esta dama profanar el recato, usar mal del matrimonio y tratar de divertirse, con advertimiento que sus empleos fuesen de gusto y provecho, y de esto último tanto, que lo que granjease fuese venganza del perro que la dio Roberto, de quien estaba tan picada, que diera cualquiera cosa por hallar quien le castigara su desprecio. Ofreciósele modo para ello con la ocasión de dejarse ver el tiempo que podía hurtar á su marido, que él ocupaba en sus agencias, y así su empleo se entabló de esta suerte.