
Ritmo de otoño, de Federico García Lorca, está dedicado a Manuel Ángeles y se desarrolla como un diálogo entre el corazón del poeta y las voces del paisaje otoñal. El viento habla primero, describiéndose como hecho de estrellas derretidas y sangre del infinito, capaz de revelar los colores de los fondos dormidos; dice ir herido de místicas miradas, llevar los suspiros hacia el triunfo sereno del Amor inmortal lleno de Noche, ser conocido por los niños y cuajarse en tristezas sobre cuentos de reinas y castillos; se llama copa de la luz e incensario de cantos, y afirma que en su alma se perdieron la carne y el alma de Cristo; se declara la eterna harmonía de la Tierra y el bosque innumerable, portador de las carabelas de los sueños hacia lo desconocido, con la amargura solitaria de no conocer su fin ni su destino. El corazón del poeta se adormece en la tristeza del crepúsculo tras oír estas palabras. Sobre la parda tierra de la estepa, los gusanos expresan sus delirios: soportan tristezas al borde del camino, conocen las flores de los bosques y el canto de los grillos, pulsan una lira sin cuerdas y siguen un sendero oculto; su ideal no llega a las estrellas sino que es sencillo, como hacer miel cual las abejas, tener voz dulce o grito fuerte, caminar fácilmente sobre las hierbas o tener senos donde mamen sus hijos. Proclaman dichosos a quienes nacen mariposas o visten de luz de luna, a quienes cortan la rosa y recogen el trigo, a quienes dudan de la Muerte por tener Paraíso, al aire que recorre lo que quiere seguro de infinito, y a los gloriosos y fuertes que nunca fueron compadecidos y a quienes bendijo y sonrió triunfante el hermano Francisco. Los gusanos se lamentan de pasar mucha pena cruzando los caminos y desean saber lo que les hablan los álamos del río. El polvo del camino les responde, llamando dichosos a los gusanos por tener justa conciencia de sí mismos, formas, pasiones y hogares encendidos, mientras él se disuelve en el sol siguiendo al peregrino y cae dormido al suelo cuando cree quedarse en la luz. Los gusanos lloran, y los árboles, pensativos, declaran que el azul es imposible: de niños creyeron alcanzarlo y ahora, heridos por el rayo, querrían ser como las águilas, pues de ellas es todo el azul. El águila, a lo lejos, niega que el azul sea suyo, diciendo que lo tienen las estrellas entre sus claros brillos. Las estrellas responden que tampoco lo tienen, que está escondido sobre ellas. La negra distancia afirma que el azul lo tiene la esperanza en su recinto. La esperanza, desde el reino sombrío, dice quedamente que los corazones la inventaron. Y el corazón exclama: ¡Dios mío! El otoño deja sin hojas los álamos del río; el agua adormece en plata vieja el polvo del camino; los gusanos se hunden soñolientos en sus hogares fríos; el águila se pierde en la montaña; el viento repite que es eterno ritmo; se oyen nanas junto a cunas pobres y el llanto del rebaño en el aprisco. La mojada tristeza del paisaje muestra, como una obra, las arrugas severas dejadas por los ojos pensadores de los siglos. Mientras las estrellas descansan sobre el azul dormido, el corazón del poeta ve su ideal lejano y pregunta reiteradamente ¡Dios mío!, cuestionando a quién se dirige, quién es ese Dios, y por qué la esperanza se adormece mientras se siente el fracaso lírico y los ojos se cierran comprendiendo todo el azul. Sobre el paisaje viejo y el hogar humeante, el poeta quiere lanzar su grito, sollozando como el gusano que deplora su destino, pidiendo el Amor inmenso y azul de los hombres, azul como los álamos del río, azul de corazones y de fuerza, el azul de sí mismo, pidiendo que se le ponga en las manos la gran llave que fuerce al infinito, sin terror ni miedo ante la muerte, escarchado de amor y de lirismo, aunque el rayo lo hiera como al árbol y quede sin hojas y sin grito. El poema cierra con el poeta llevando en la frente rosas blancas y la copa rebosando vino.
By Federico García Lorca · First published 1921 · Genre: Lyric Poetry, Philosophical Poetry, Symbolist Poetry · 1186 palabras
_1920_ / A MANUEL ANGELES
Amargura dorada en el paisaje. / El corazón escucha.
otoño · melancolía · tristeza · poesía lírica · azul · esperanza · diálogo simbólico · naturaleza personificada · búsqueda espiritual · anhelo · destino · infinito
Ritmo de otoño figura en Textopian como poema de Federico García Lorca, con fecha de 1921 d. C.
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