Explore "La opinión ajena" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al salir de misa, doña Emilia y su hermana fueron a la botica a comprar un frasco de citrato de litina con que purgar a Carmen. Hallaron la farmacia sola. La señora de Perea golpeó en un batintín, colocado como pisapapeles sobre el mostrador. A su llamamiento, desde muy lejos, la voz de doña Benita respondió:
-¡Va en seguida! .